Oralidad y naturaleza en relación con el agua en la comunidad de Cuanajo de Santa María, Michoacán

El toponímico de la comunidad de Cuanajo de Santa María, en el estado de Michoacán, es ambiguo debido a las dos posibles traducciones al español y también porque los elementos como el pino (wanasï) y las ranas (kwanasï) se encuentran de manera abundante en la comunidad debido a su espacio geográfico rodeado de cerros y por una parte importante de agua.

Así, tenemos la palabra wanasï y la segunda palabra, kwanasï, como elementos para la construcción del toponímico de la comunidad. Ambas concepciones son posibles debido a que en la comunidad existían estos dos componentes en abundancia, pero debido a la deforestación para la producción de muebles, el uso de cloro y de otros componentes químicos, han sido factores que han terminado por disminuir ambos elementos en la comunidad.

Los relatos orales en la comunidad de Cuanajo han sido un elemento que ha conglomerado una gran cantidad de información referente a la historia y los valores positivos que se deben de tener en la comunidad. En cada uno de ellos podemos observar varios elementos que de manera constante muestran la relación del ser humano con otro ser humano, así como la relación del ser humano con la naturaleza y finalmente la relación del ser humano con otros seres y cosas,  pues “… la tradición oral es la principal fuente histórica que puede ser utilizada para la reconstrucción del pasado. De igual modo, entre los pueblos que conocen la escritura un número de fuentes históricas, entre las más antiguas, descansan sobre tradiciones orales” (Vansina, 1996: 13).  Por lo anterior, en este trabajo nos remitimos a estas formas de discurso, dentro de las comunidades; tal discurso que es parte de las estructuras particulares del discurso oral. Dentro de la comunidad el discurso oral adquiere cierta estructura, sentido y lógica, la cual observamos en las trascripciones de relatos orales, elemento que sirve de vehículo para materializar la kosmopercepción en el discurso y de esa forma poder observar a las comunidades dentro de su totalidad compleja, como observamos en este fragmento de la entrevista:

…que también el agua se enoja que es porque también que ella como que se nombra mujer y que ve todo lo de un humano y que si se está peliando sobre del agua que se enoja, entonces que también que hay que platicarle y que hay que... mmm, este...  Estar unidos para que también el agua creo que nos fortalezca y tenga más, es esa, es lo que me acuerdo de lo que decía mi mamá. No, hay que portarse, no pelearse por el agua sino hay que bendecir y hay que darle las gracias y platicar con el agua así. 

Relato donde se humaniza al agua, buscando se entienda el actuar de ella. Se muestra la humanización, como un instrumento para lograr entender a la naturaleza en términos “simples”, o mejor dicho en términos de iguales. Observamos en el discurso del relato que el agua reacciona como un ser humano: se enoja, escucha y observa. Cabe mencionar que a pesar de que se han dado por diversos motivos algunas modificaciones en el uso del discurso oral en la población –pues cada individuo está integrado de diversos sujetos transindividuales, o bien llamadas “…microsemióticas específicas–, cada discurso trascribe en signos el conjunto de los valores del grupo social del cual procede y nos ofrece una posibilidad de lectura de las modalidades particulares de la inmersión de ese grupo en la historia” (Cross, 2002: 36). Lo cual se manifiesta en la expresión oral, la expresión escrita y en las imágenes que el individuo es capaz de producir debido a que son discursos producidos por varios sujetos, los cuales están conformados por varios conceptos que a través de su experiencia de vida ha acumulado; de esta manera a la vez “… las transformaciones se producen según ciertos modelos, debemos atribuirlo a la necesidad de crear un “ambiente” a la fantasía e imaginación del narrador, a sus deseos de ofrecer un testimonio más interesante, de satisfacer el deseo de sensación de sus auditores y de acrecentar el placer que él mismo siente en su relato” (Vansina, 1996: 17).

Como observamos en el siguiente fragmento:

… de eso hace añísimos que eso comentaba mi mamá… también decía que el pueblo se comportara bien, por ejemplo que hay problemas que de donde se está recortando el agua, que el agua se enoja, que ella se portara bien, que hay que platicarle, y que hay que estar unidos para que el agua se fortalezca y tenga más.

Las representaciones semánticas en la mente humana, son bastante elaboradas porque están ancladas en un rico cuerpo de experiencias y conocimiento general del mundo que ha adquirido a través del tiempo en diversas condiciones contextuales, las cuales de manera general suelen variar de una persona a otra, pero a la vez son elementos comunes entre las personas. “Resulta, pues, que la tradición oral queda limitada a los testimonios que son moneda corriente en las sociedades en las que son transmitidos, y cuya tradición opera de generación en generación, de forma desordenada, sin ayuda de técnicas especiales. Además, persiguen todos un objeto estético-ético o didáctico” (Vansina, 1996: 18). Las representaciones semánticas son por lo general fragmentarias, vagas, redundantes, abiertas y esquemáticas. Esto sucede en la mayoría de los relatos debido a que deben de darse en condiciones verdaderamente óptimas para el registro del discurso  y con técnicas mnemotécnicas que a simple vista no son perceptibles, como los sonidos repetitivos, los movimientos, los silencios y los gestos.

Contaban ellos que no quería venir esa agua aquí al pueblo, y tuvieron que juntarse entre varios vecinos, vecinas, llevarle la p´arhankua, las bateas con frutas, comida y ofrecérselo.

¿Y por qué?

Ellos dicen, ellos decían, que es una dama,  que es una señorita, que es una señorita, que hay que platicarle, decirle cosas bonitas, cantarle inclusive, que llevaban... este… un violín y guitarras y que le tacaban y que le cantaban y que decían: vente con nosotros, nosotros te vamos a cuidar, no te quedes aquí. Vente. Y que con azadoncitos, con maderas, le hacían el canalito y que el agua se atrancaba en partes.

Así, las prácticas semiótico-culturales se preservan en los integrantes de la comunidad, reforzándolas y manteniéndolas a manera de tradiciones, relatos orales, formas sociales de organización, en la lengua, en los ritos y en el vestir, como lo menciona Gallopin: “El ambiente valorizado es el conjunto más reducido, y está representado por aquellos factores ambientales a los cuales el sistema humano adjudica un valor significativo ya sea éste económico, social, estético o ético” (1986:154). Significación que va más allá de las fronteras geográficas y culturales. De manera caprichosa y por cuestiones económicas, habitantes de Cuanajo han buscado reestablecer esa condición de ser y sentirse en otro espacio y en otro contexto, así como adaptarse a esa otra forma de vida, lo cual modela parte de su ser. Pero entonces, al regresar a la comunidad, modifican de manera no consciente algunas de las tradiciones. Siendo los relatos orales la parte fundamental para la preservación de la identidad, pues “…las palabras tienen vínculos y nos dan identidad, nos posicionan frente al mundo junto a unos individuos, y nos marcan cierta distancia con otros.” (Reyes, 2007: 83). De esta manera los relatos orales dan la pauta para que se establezca un diálogo eficaz, real, permanente, y pertinente en relación con la cultura, con los “otros” y lo “otro”, entonces  el lenguaje  no será solamente individual, sino que irá más allá, para que se escuchen las voces y que esas voces tome sentido propio, en una condición de crear conciencia sobre el conocimiento cultural y simbólico en los seres humanos, porque como escribe Castilla del Pino, “Con la expresión verbal, el hablante se refiere a ‘su’ mundo  sentimental; pero el oyente no puede tener la misma referencia sino otra: la suya, la que él mismo constituye a partir del discurso del otro.” (2000: 26). Se construye así un sentir no cuantificado, no igualitario, no estandarizado sobre la igualdad de sentimientos. Un sentir propio y único, para de esa manera sólo sentir la realidad y ser parte de ella, sin verterlo en moldes con formas de conceptos, para poder así presentarlo a los demás, y que esta presentación sea percibida en su esencia, de esta forma lograr entender esta parte de la kosmopercepción que se trata de explicar a los “otros” mediante los relatos orales. En oposición a la kosmosensación que se atribuye más a una percepción que se da de manera externa universal desde un “otro” y por lo cual es limitada, pues no cuenta con todos los elementos contextuales para lograr entender y sentir eso que se dice, eso que se ve, eso que se piensa y se percibe culturalmente conforme a una cosmología, ontología y epistemología específicas.

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